Estos habitantes tan peculiares de las urbes, habitualmente son de avanzada edad pero sin llegar a ser viejos, visten ropas muy gastadas, pero con aspecto de haber sido de buena calidad en el pasado y suelen esconder sus rostros tras pobladas y descuidadas barbas, que les dan un aspecto aún más triste y melancólico.
A diferencia del resto de los “pidepelas”, estas personas no suelen molestar a nadie, y se limitan a buscar su substento rebuscando entre las papeleras o cubos de basura, malviviendo de las limosnas que la gente les ofrece, aún cuando ellos no las estén pidiendo, tal es la compasión que despiertan sus lacónicos ojos.
Además, todo el mundo parece conocer la trsite historia de estos personajes, marcada por la tragedia y la locura. Al menos uno de los vagabundos es un antiguo catedrático a quien las excesivas horas dedicadas al estudio hicieron perder la cabeza, y pese a tener una aceptable pensión del estado, pasa sus días rebuscando en la basura en busca de objetos de lo más extraño, que va añadiendo a su carrito de la compra…lámparas viejas, perchas rotas y demás artículos inservibles siempre le acompañan.